dimecres, 15 de desembre de 2010

Manolito de Linares II


- Sigo, para no oírte más. Fue un lunes negro, te digo. Sin desayunar y sin comer todo el día, porque cuando la policía vio lo que vio en el piso, nos sacaron a trompicones escaleras abajo al Sr. Ahmed y a mí. Pero al cabo de media hora uno de los dos policías llamo a la puerta de nuestro piso y nos dijo, muy amable, eso sí, que la Juani y yo le acompañásemos a la comisaría de policía para prestar declaración de los hechos.

- Debían pensar que vosotros también erais sospechosos, dos carrozonas como la muerta de arriba. Pelea de locas por un chulo. Yo es lo primero que hubiese pensado.

- Llevamos nuestros pasaportes y todas las documentaciones que teníamos a mano, el contrato del piso, el carné de conducir, el carné del coche para que nos separasen totalmente de los atestados de la pobre Manoli, ella con su papeleo nosotros con el nuestro. Nos pasaron al comisario jefe que hablaba un francés elemental, algo mejor que el mío, pero no mucho o sea que nos entendimos a la perfección, y yo por aquí y por allá iba salpicando la declaración con algunas palabras árabes que recordaba y que pensaba que adornaban el parlamento. Siempre me ha gustado que nos consideren, aunque maricas; ilustradas, educadas y cultas. No cuesta nada dar imagen y menos en aquellas tierras.

- Pasasteis la noche encerradas?

- Que perversa eres, ya te gustaría a ti poder decir que la Burbons estuvo enchironada en Marruecos por culpa de unos quereres. Pues no. Estuvimos dos o tres horas, una eternidad, son tan lentos allí abajo. Me preguntaron si yo como amigo del difunto tenía alguna idea formada de quien había podido cometer tamaño carnicería y el motivo más lógico.

- Anda que vaya pregunta te hicieron, ya te veías declarando con tu vestido negro y perlas declarando ante el juez tu verdad sobre todo lo ocurrido. Este rol es ideal para ti reina del suspense y del discurso.

- No se porque lo dices si no es por lo que me has preguntado, haría horas que estaría en la cama en lugar de aguantar tus impertinencias, cada vez más frecuentes. Créelo o no yo tenia una idea preconcebida de quien o quines podían ser los asesinos.

- Toda una Agata Chistie, no te digo…

- El comisario nos dijo que debíamos colaborar con ellos para esclarecer los hechos y me dijo si creía que era un crimen de tipo sexual. Yo claro le dije que si, que creía que una de estas visitas nocturnas que la Manoli tenia en el piso hubiera podido ser el asesino y que el móvil del crimen era el robo del dinero que hubiese en la casa y sobre todo el coche de matricula española de Jaén. Me pregunto que si conocía alguno de sus contactos sexuales, mentí y le dije que no, que yo nunca había vista nada pero que sabia por referencias que suban chicos muy, muy jóvenes a este piso por las noches. Entonces me dice que si creía que uno de estos críos podía ser el asesino y le conteste que si, pero que no eran uno sino dos

- Caray tío, como sabias que eran dos

- Lo mismo me pregunto el comisario jefe con cara de perplejidad. Yo entonces desarrolle mi idea sobre los acontecimientos y explique: Mire Vd. Monsieur Commissaire los chicos que subían al piso de mi vecino, el pobre Sr. Manolo eran extremadamente jóvenes de 15 o 16 años, según me han comentado en el barrio, yo Monsieur Commissaire nunca he visto por Marruecos chicos tan jóvenes al volante de sus automóviles, creo que el asesino ha tenido que buscar la colaboración de un compinche, de alguien adulto y con carné de conducir para poder llevarse el coche que mi pobre vecino tenia aparcado delante de casa todos los días.

- Y te hizo caso el Commissaire?

- Pues claro que nos hizo caso, qué te crees? Se despidió fríamente y con el desprecio perpetuo en la mirada, que tienen los que llevan uniforme, en Marruecos por los infieles maricones que llevamos euros en los bolsillos. Contra esto no hay nada que hacer, por siglos que pasen.

- Y al final se supo quien era el asesino?

- Si, pero esto queda para mañana y te diré si acerté o no.


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