dimarts, 1 de febrer de 2011

Epílogo y telón




Querido Iván,

Tengo la necesidad de escribirte cuando solo hace media hora que te has ido de casa, cabizbajo y un poco triste, nos has contagiado tu desazón por lo que te espera mañana, en tu primer día de trabajo después de las vacaciones y compartimos contigo este sentimiento agridulce de que algo se ha acabado.

La necesidad de escribirte es, meramente, para que sin que te sientas ni obligado ni ofendido, decirte que nos has regalado quince días de autentica amistad, un lujo de compañía y el placer de tenerte tantas horas a nuestro lado, hablo en plural porque el nene opina lo mismo que yo e incluso puede que en grado más intenso.

Estos quince días en que nos hemos visto casi cada día, o si no, hemos hablado por la Web o por teléfono, han sido un regalo que recordaremos siempre por la calidad humana que has demostrado en cada uno de tus actos, por tu simpatía única y original, por tu humor joven y fresco.

Conocerte, es reconocer que tu interior personal, tus sentimientos, tu manera de ser es incluso mejor a la rara perfección de tu belleza física, tu agraciado rostro, canon de modelo de la más pura estética renacentista. Tu alma supera todos estos atributos físicos, tantas veces loados por nosotros y por quien te conoce bien.

Eres un don que nos ha caído del cielo cuando nuestra relación se desarrollaba por los senderos de la rutina, el cansancio y el aburrimiento. Has sido como un primer chute de marihuana de gran calidad y has revolucionado todo lo que teníamos como estable, fijo y definitivo.

Solo nos queda añadir al infinito agradecimiento, el deseo compartido por el nene y yo mismo de conservar la amistad y la compañía de tu persona tanto tiempo como sea posible, sin hacernos pesados y sin que ello suponga un trastorno a tu, ya por sí, ajetreada vida. Dos palabras lo resumen todo:

Te queremos

El nene y yo



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