dimarts, 14 de desembre de 2010

Mi querido Abdellah






- Me tiene atrapado y no por lo que escribe. Como escritor es correcto y nada más

- Pues entonces qué es lo que te hace comprar cada uno de sus libros?

- Seguramente su enigmático y bello rostro… y por supuesto su origen, tengo una malsana predilección por su tierra

- Cuantas veces has estado allí?

- Entre diez y quince, pero no es por las veces que he estado en Marruecos. Londres y Paris las he visitado más veces.

- Entonces cuales el motivo?

- Es lo que Marruecos me ha dado, lo que me ha hecho sentir, lo que me ha inspirado. Mi casa es en gran parte de inspiración magrebí. Tú ya la has visto…

- Y este chico que entra en esto?

- Pues que todo lo que habla en sus libros y cuando digo, todo, es todo, tengo la sensación como de haber vivido lo que cuenta, de haber respirado aquel aire o el haber observado aquel paisaje

- Y a mí que no me dice nada aquella tierra.

- Pues a mi creo que es la que más me fascina de todo lo que he visto. Lo que cuenta Abdalá es la realidad descarnada de aquéllas gentes pero como a la vez lo cuenta con esta cara seria y misteriosa, casi mística tremendamente erótica, cúmulo de ambigüedades sexuales, me agarra y no me suelta. Mi querido Abdellah

- Cuantas veces lo has visto?

- Cuatro o cinco, cada vez que ha venido a la ciudad y me he enterado. Escucharlo en su francés, perfecto y dulce, salpicado de algunas expresiones árabes es un placer que no quiero privarme.

- A mi esta tipología no me dice nada pero entiendo que a vosotros os guste.

- La perfección física desde un punto intelectual puede estar encerrada en un tipo ario, germánico, nórdico pero… para mí la perfección sentida, visceral, interna y dolorosa es siempre de rasgos mediterráneos y este muchacho representa un poco este anhelo estético que proclamo.

- No te esfuerces en hacer publicidad no te voy a pedir que me prestes este libro ya sabes que leo poco y por esto escojo lo que creo me va a gustar más.

- Tu te lo pierdes siempre te he dicho, que como eres tan terco no hay quien te haga cambiar de ruta en la vida. Se seguro que este país te esclavizaría para siempre como lo hicieron en su momento Grecia y Egipto. A ti que te gusta lo autentico, allí, tristemente, casi todo lo que ves es pura verdad desde la belleza más absoluta de la gente hasta la pobreza lacerante de quien tiene casi nada, pero llevada con una dignidad que te hace estremecer de pura vergüenza personal.

- En mi otra vida ya viajare por estos sitios. Oye, ahora no tengo tiempo, he de llevar al perro al peluquero.




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